Más papistas que el Papa
De la publicación de “Frustraciones y reflexiones de un creador en la era post-copyright”
No podemos pedirle a los consumidores que gasten más con la excusa de que gastar menos es robar. Uno no lo siente así, porque cuando uno consigue una canción o encuentra un juego, no se molesta en pensar que hay alguien perdiendo dinero. ¿Somos culpables de este delito a sangre fría? Entiendo que no.
Estamos de acuerdo en que Internet hace las cosas más fáciles. Quiero decir que ya no necesitamos, por ejemplo, ir hasta el videoclub para conseguir una película. Primero sucedió porque se inventó el delivery de películas y luego porque conseguimos tener los largometrajes en Internet. Todos esos cambios no se generan porque la gente es mala, sino porque algunos astutos dedican sus vidas a escribir más líneas en esta “Oda a la comodidad” y la gente lo demanda porque, naturalmente, nadie quiere cosas complicadas (si puedo ver la película moviendo unos pocos dedos y gastando una suma nula de dinero ¡lo voy a hacer!).
A ver… para que no me tilden de pecaminoso: algunos sectores del mercado económico se dedican a generar necesidades subjetivas (el marketing por ejemplo) y yo no encuentro mucha gente hablando mal (ni siquiera pido gente haciendo) de lo que se elevó el consumo de cerveza en adolescentes gracias a las conocidas estrategias de venta de la cervecería Quilmes. Pero eso tampoco está mal, quizás la gente quería la cerveza y no se daba cuenta (mmm).
Con la difusión de material pirata sucede algo similar pero “de carácter biológico”: mi necesidad objetiva es llevar un porvenir economizado, es decir que antes de tomar cualquier decisión debo hacer un análisis de costo/beneficio (algunos serán más impulsivos que otros, naturalmente) y en ese análisis, la piratería me cuadra de forma casi perfecta.
Pero claro, la piratería no llega a ser perfecta porque es considerada delito. Ese delito, me dicen, lo estoy cometiendo yo. No me van a carcomer la cabeza, no los voy a dejar. Yo soy el último eslabón (en caso de que me dedique únicamente a descargar) en esta cadena de problemas en torno a la propiedad intelectual.
¿Qué hacemos con los verdaderos creadores? Por el momento esperar. Esperar a que el mercado y sus regulaciones tomen el camino correcto: si una banda no va a recibir dinero por lo que su discográfica reciba gracias a la venta directa del material a los consumidores finales, las bandas se encargarán de encontrar formas alternativas de generar capital (shows, spónsors, publicidad). A no ser hipócritas ¿Cuánta más música podemos escuchar gracias a Internet? Esa música que bajo vine con el nombre del artista y luego, gracias a los medios de difusión, consigo adentrarme más en el mundo de la banda. Con esto intento explicar que con la piratería no siempre pierden los creadores, pero sí es cierto que se transforman las formas de generación de capital. Están aquellos que saben adaptarse (mi amigo personal Yochai Benkler por ejemplo) y aquellos que no (las discográficas). El caso que menciona Carolina en su Blog es similar: esta pobre empresa no recibe el crédito por haber pagado por la creación de esos juegos que la gente consigue por vías alternativas. Pero quien lo creo sí tiene la posibilidad de mostrarse (en los créditos por ejemplo), generando así una reputación personal in crescendo como programador de videojuegos, algo por lo que posteriormente será retribuido en alguna empresa (Positech en este caso). Quiero decir, quien haya creado ese mensaje en Talking To Pirates, no debe haber sido el Geek encargado de programar el juego, sino los tipos que le pagan el sueldo (lo que sería la discográfica del videojuego, Positech). ¿Qué va a pasar cuando desaparezca Positech por el exceso de material pirata? Nada. El programador va a seguir vivo y capacitado para generar productos y va a ser él quien tenga que encontrar la alternativa para difundir ese conocimiento y conseguir una retribución. En definitiva, de eso se trata este proceso de transformación del que hablamos tanto: en buscar la forma de que el conocimiento genere ingresos (distinta a la de antes, pues ahora existe Internet).
Para Aristóteles, la legitimidad de las leyes está dada por la razón y la justicia, el mejor gobierno es el de las leyes, el gobierno de la razón, sobretodo porque su filosofía se basaba en la concepción de la lógica como medio para adquirir el conocimiento. Eso significa que las leyes están hechas por los hombres y para los hombres. Con una dosis de racionalidad podemos comprender que algo no está funcionando cuando a mi amigo Rodolfo (ver post anterior) lo acusan de pirata y lo obligan a pagar.
Margaret Scammel, profesora de The London School of Economics and Political Science (LSE), sostiene una teoría interesante en torno a esta cuestión en su publicación “The citizen consumer”. La inglesa plantea que, en aquellos países más desarrollados (habla específicamente de aquellos con políticas de bienestar sostenidas) donde la gente no tiene que preocuparse por sus necesidades básicas sino que puede darse algunos gustos, comienzan a verse algunos vestigios de decencia. En productos de limpieza por ejemplo, la gente puede optar por una marca que no dañe el ecosistema pero que salga un poco más cara siempre y cuando tenga el dinero para hacerlo. Mientras no tenga el dinero, no va a optar por la marca que no daña el ecosistema, porque le interesa más su bolsillo (si quieren digan también que es inmoral, pero para mí es de lo más sensato).
Volvamos a la tierra: si una película, una canción o un juego pueden llegar a mí de forma gratuita, lo voy a conseguir de forma gratuita (porque el plato de milanesa de ternera cuesta 35 pesos). No somos nosotros los que debemos pagar el precio de esta transformación -no nos comamos un buzón-, no somos ningunos ladrones. El precio de la transformación lo deberán pagar los legisladores (de donde quiera que sean), buscando solucionar este problema que surge entre los propietarios del intelecto y sus consumidores finales, sorteando formas de mercado que hoy, resultan anacrónicas.
Este es un excelente comentario porque está muy bien fundamentado en sostener tu posición.
Me parece muy interesante como se conectan estas ideas del consumidor/ciudadano, donde ya es un continuo de la persona y su entorno que plantea Scammel. Sería bueno que la retomes cuando veamos periodismo participativo, web 2.0, etc.
El otro tema que me parece muy interesante es el planteo de la generación de necesidades subjetivas, quizás acá tengas un punto de comparación muy fuerte con otras áreas industriales, que no son productos culturales. Te planteo que lo sigas pensando cuando sigamos con copyright y con industrias culturales en las últimas clases del curso.
lenguajemultimediaudesa08
Agosto 28, 2008 a 11:34 am
Es como dejar un Mercedes con las llaves puestas y los vidrios bajos… o no??? jee…
romibonavitalm
Septiembre 1, 2008 a 8:56 pm
Es ciierto, mi frase fue muy poco feliz, pero que no se malinterprete.
Pensalo así: Vos te comprás un Mercedes porque cuadra en tus posibilidades y yo me compro un Fiat Uno porque cuadra en las mías. Un día nos cruzamos en una esquina y por obra de la casualidad nuestros autos colisionan. ¿Tengo que pagar el arreglo de tu Mercedes simplemente porque vos tuviste ganas de tenerlo? En un principio era así. Más tarde, las leyes se pusieron al día y hoy yo no puedo salir a la calle sin un seguro contra terceros que garantice que yo te pueda pagar el arreglo tengas el auto que tengas. Vos sos libre de tener el auto que quieras y yo también porque sabemos que el seguro nos cubre los lujos ajenos.
A eso voy: hay algo que no está funcionando hoy y que mañana algún astuto solucionará. Mientras tanto, no culpemos a los ciudadanos corrientes que solo actúan acorde a sus necesidades
tomaspliner
Septiembre 3, 2008 a 6:15 pm