Humilde y vaga apología del delito
Este post parece vacuo pero surge a partir de la lectura del texto de Lessig porque considero, como El Negro, que “el mundo ha vivido equivocado”.
Imaginemos por un momento que esas tres carabelas no llegaban a las Indias, que un barco pirata las acechaba en medio de los mares y le quitaban a Cristofolo toda posibilidad de usurpar nuestras tierras. Qué poco importante hubiese sido hoy el gobierno de Evo si eso sucedía. El punto es que no sucedió y que acá estamos, pagando el precio del lugar que nos tocó ocupar en el mundo: la escoria (Africa no califica para los parametros estandarizados de civilización). Todo esto lo traigo para poder decir: PIRATAS ERAN LOS DE ANTES.
Hoy la cosa es distinta, y Stallman lo explica muy bien (extraído del Blog del compañero Baiocco): “No hay que caer en trampas propagandísticas. Ellos rotulan ‘piratas’, como si fuera lo mismo darle una mano a un conocido que atacar barcos. Nada podría ser más falso, porque atacar barcos es muy malo, mientras ayudar a quien lo necesita es correcto. En ocasiones me preguntan qué opino acerca de la piratería. Yo contesto que atacar barcos es pésimo. Y cuando me mencionan sobre la piratería informática o musical, me quedo pasmado. Hasta donde yo sé, los piratas no usan ni computadoras ni música para atacar barcos, sino armas.”
Los nuevos piratas son, a mi entender, justicieros de aquella privacidad mal privatizada. Si bien dudo que la RAE tome mi acepción como significativa, sería interesante empezar a comprender que la culpa no es del chancho sino de quien le da de comer. ¿Quién le da de comer al pirata? Un sistema legislativo arcaico que cada tanto tira manotazos de ahogado para subsanar el daño que se le genera a las grandes corporaciones productoras de contenidos.
Aguante la piratería, aguante el software libre, aguanten Lech Walesa y el concepto de Solidaridad.
